
Razón: Corazón, ¿por qué me dejas escapar? Tantas veces me suplicaste que estuviera a tu lado, que no me fuese, y tú me estás dejando marchar...¿por qué lo haces? ¿qué te está haciendo cambiar? ¿acaso ya no me valoras?
Corazón: Siento que pienses eso de mí, razón, pero con sus besos encendió mi llama, que tan apagada estaba, y me devolvió a la vida. Con su mano consiguió cogerme, y apretarme. Hacerme en un puño, y que latiera de nuevo sacando la sangre caliente que templándose estaba.
Razón: Te entiendo, corazón. Pero, ¿no sientes miedo?
Corazón: Sí, razón, siento mucho miedo. Miedo a algo desconocido que no sé si me matará un poquito más o me hará vivir eternamente. Pero ¿qué hacer?
Razón: Cada vez que tú vives, me matas un poquito a mí. Sólo quisiera decirte que no me apartes lo suficiente, para que si sientes la muerte de nuevo cerca pueda salvarte y volver a ser dos unidos. Pero, ya que te estás sincerando conmigo, ¿quién te hace sentir así?
Corazón: No sé si debo decírtelo, al fin y al cabo, es alguien con quien tú no tienes muy buena relación. Alguien que cada vez que aparece, de ti se olvida completamente, y te aleja del todo. Sin embargo, es alguien que sólo puede vivir a través de mí.
Razón: Maldito amor...él siempre está metido en medio de todo. Amigo corazón, aunque ahora no me quieras cerca, estaré a tu lado para no dejarte morir si el amor decide irse, como hace casi siempre.
Corazón: Gracias razón, espero no perderte demasiado. Seguro que así irá todo mejor...