
...la pena que me inundaba era fuerte...y no encontré otra salida. Quizá ésta sea la manera más cobarde de hacer las cosas - y lo era - pero no sabía cómo seguir levantándome cada mañana sin pensar que el día sería como otro más en el que el gris no se teñiría de color por mucho que yo lo intentara. Supongo que comprendes que nuestra relación ahora no era la más buena. Te alejaste de mí sin yo saber aún porqué. Y eso me dolió. Me dolió tanto que sentí que el último puñal que quedaba para matarme se me clavaba en el pecho y no me dejaba respirar. -En ese momento sentí como mis lágrimas empezaban a brotar de mis ojos sin poder remediarlo, sentí el mismo dolor al que ella se refería. - No quiero que te sientas culpable de nada, sabes que siempre he sido muy fantasiosa, y quizá morir haya sido mi última fantasía cumplida. Tampoco mis ansias de vivir eran tan grandes como para superar a las de morir. Ésas eran las que más me gritaban dentro de mi cabeza. Me llamaban y me invitaban a sucumbir a ellas y al final lo voy a hacer. No quiero oírlas más dentro de mí. Gracias por todos los momentos que me has dejado vivir a tu lado, creo que sin ellos todo habría sido peor. Siempre te protegeré desde el destino que me asigne la muerte. Hasta siempre.
Con esas palabras terminaba su carta. Una carta que no había hecho nada más que matarme un poco más por dentro. Una carta que jamás habría querido leer. Pero que allí estaba. Eran sus palabras y eran sus sentimientos. Llamé al camarero y le pagué el café que había tomado. Me levanté despacio y salí a la calle en busca de respuestas. No podía conformarme con eso. En la calle todavía llovía...


