jueves, 22 de abril de 2010


El vagón se alejaba de la estación dejando tras de sí una densa capa de humo que anunciaba su partida. La estación se quedaba solitaria. Yo, sentada en un banco leía las líneas que en tu despedida escribías para mí. En ellas me contabas los proyectos que tenías, las ilusiones que te hacían vivir plenamente, y la nostalgia que te invadía al alejarte de todo lo que te ataba a este lugar. Yo sabía que todo te iba a ir bien, y estaba feliz por ello. A veces no podía demostrártelo de la manera que quería, pero sabía que en tu corazón tú sentías cada impulso que le mandaba. Aun así, las lágrimas brotaron de mis ojos mientras trataba de manera impotente acabar con ellas. Al fin y al cabo te ibas, y no sabía si volvería a verte.
Miré al cielo, y vi una estrella que brillaba más que ninguna. Sé que tú también lo hacías. Pude ver el reflejo de tu mirada en ella, y sentí que nada podía pasarme, porque, estuvieses donde estuvieses, siempre estarías a mi lado.

viernes, 2 de abril de 2010


Como siempre, los cuentos de hadas siempre acaban bien. Por eso son de hadas. ¿Es posible que la vida real sea igual de mágica? Posiblemente sí, pero cuando más te acercas a la belleza de lo sobrenatural, su realidad se acerca para recordarte que está ahí y que no debes levantar tus pies del suelo.
En este momento siento mis pies flotar, mi cuerpo levitar, mis pensamientos fluír...¿Llegará el momento de caer?
Como una simple Cenicienta, me dispongo a preparar mi mejor vestido para ir a tu baile...