Él era el chico a quien yo veía todas las mañanas...¡el tren siempre me daba esa alegría! por eso siempre esperaba para coger el mismo tren y a la misma hora...sabía que él venía allí, y sólo por ver su sonrisa merecía la pena la espera...
Cada mañana, me levantaba con la mayor de mis esperanzas, y cogía la ropa que me iba a poner escogiéndola con mucho cuidado...¡tenía que estar perfecta para él!
Salía de mi casa con el suficiente tiempo como para llegar a la estación temprano...no quería perder el tren si se adelantaba...
Ahora, ese tren se encuentra vacío...