
Siento que la niebla se pone delante de mí sin dejarme ver. Siento que me ciega, que me apaga y que me aparta del camino que debo seguir. Siento que me contamina con su hedor, que se mete dentro de mí como si fuese veneno. Camino atravesándola, buscando la luz que me lleve de nuevo al camino. Sé que al final de ese camino estarás tú, pero no logro verte. ¿Te escondes de mí acaso? ¿Acaso te doy miedo? Dime cuál es tu refugio e iré a buscarte para llevarte a mi reino. El reino donde todo lo que quiero está al alcance de mi mano. El reino donde no tengo que andar kilómetros y kilómetros buscando qué comer y qué beber. El reino donde siempre serás afortunado, y el cual sabrás valorar más que los que vivimos en él. El reino en el que por más que tengamos, nunca es suficiente, y nos pasamos la vida buscando más; porque la ambición es nuestro mal, y el egoísmo nuestra seña de identidad. Y lo peor de todo es, que no por eso somos más felices, sino todo lo contrario.
