
-Toma mi mano, subamos al cielo. En él, podrás ver todas las estrellas que el universo nos tiene preparadas. ¿Te da miedo volar?
Coge la flor, la más olorosa, las más bonita de todas las que hay en el jardín. Extiende su aroma por el cielo al que vamos, y deja que la fragancia inunde todo a su paso. ¿Te da miedo volar?
Consigue comida, la más deliciosa jamás probada. El chocolate más exquisito, que al entrar en tu boca se deshaga sin necesidad de morderlo, y te deje su sabor durante el resto del día. Comparte con el resto ese sabor. Llévalo por el universo al que nos dirigimos, dejando que todo allí se embriague de él. ¿Te da miedo volar?
Canta una canción, la más bella melodía, la que tu voz pueda mejor cantar. Esa que eclipse los cantos de sirena, y que a todos haga llegar el sonido y temblar al oírlo. Canta a través de las nubes y lleva la melodía hasta el Sol. ¿Te da miedo volar?
- No puede darme miedo volar. Al ir a las estrellas desarrollaré mi vista, y al intentar coger una para ti, mi tacto. Al elevar la flor por el cielo, desarrollaré mi olfato, y al probar el chocolate, el gusto. Por último, entonando la melodía desarrollaré mi oído, y volando por el universo, el equilibrio.
- Me alegra escuchar que entiendes el objetivo de nuestro viaje. Hay que saber ver para no quedarse en lo superficial. Saber tocar, para no tocar sólo la piel, sino tocar el corazón. Hay que saber oler, ya que nuestros sentimientos se escapan a través de nuestros poros. Saber probar para saborear lo delicioso de la vida, y no quedarnos con el sabor amargo que nos dejan algunas experiencias. Escuchar, para conocer las palabras que se esconden entrelazadas con las pronunciadas. Y, por último, tener el equilibrio suficiente para no volverse loco ni caer en este mundo que gira tan deprisa. Y ahora, ¿conoces la importancia de los sentidos?
No hay comentarios:
Publicar un comentario