martes, 10 de agosto de 2010

¿Te da miedo volar?


-Toma mi mano, subamos al cielo. En él, podrás ver todas las estrellas que el universo nos tiene preparadas. ¿Te da miedo volar?
Coge la flor, la más olorosa, las más bonita de todas las que hay en el jardín. Extiende su aroma por el cielo al que vamos, y deja que la fragancia inunde todo a su paso. ¿Te da miedo volar?
Consigue comida, la más deliciosa jamás probada. El chocolate más exquisito, que al entrar en tu boca se deshaga sin necesidad de morderlo, y te deje su sabor durante el resto del día. Comparte con el resto ese sabor. Llévalo por el universo al que nos dirigimos, dejando que todo allí se embriague de él. ¿Te da miedo volar?
Canta una canción, la más bella melodía, la que tu voz pueda mejor cantar. Esa que eclipse los cantos de sirena, y que a todos haga llegar el sonido y temblar al oírlo. Canta a través de las nubes y lleva la melodía hasta el Sol. ¿Te da miedo volar?
- No puede darme miedo volar. Al ir a las estrellas desarrollaré mi vista, y al intentar coger una para ti, mi tacto. Al elevar la flor por el cielo, desarrollaré mi olfato, y al probar el chocolate, el gusto. Por último, entonando la melodía desarrollaré mi oído, y volando por el universo, el equilibrio.
- Me alegra escuchar que entiendes el objetivo de nuestro viaje. Hay que saber ver para no quedarse en lo superficial. Saber tocar, para no tocar sólo la piel, sino tocar el corazón. Hay que saber oler, ya que nuestros sentimientos se escapan a través de nuestros poros. Saber probar para saborear lo delicioso de la vida, y no quedarnos con el sabor amargo que nos dejan algunas experiencias. Escuchar, para conocer las palabras que se esconden entrelazadas con las pronunciadas. Y, por último, tener el equilibrio suficiente para no volverse loco ni caer en este mundo que gira tan deprisa. Y ahora, ¿conoces la importancia de los sentidos?

martes, 8 de junio de 2010


Si dijese que no lo amaba, mentiría. Mentiría cual Pinocho en su cuento. Cada noche me acostaba soñando con su olor, y me despertaba anhelando su presencia. Cuando pasaba las horas a su lado, éstas parecían minutos y deshacía ese tiempo perdiéndome por su piel. Buscaba con mis labios el sabor de su cuerpo, y el alma se esfumaba de mi ser para irse al paraíso. "Esto no puede ser real", me repetía una y otra vez. Siempre que buscaba un apoyo, él estaba ahí con sus gestos, sonrisas y palabras que eran mi aliento. Si simplemente buscaba compañía, él no me defraudaba, siempre acudía a mí y con el simple roce de sus labios me hacía estremecer. Me sentía llena de vida, como si nada malo pudiera pasarme, y por fin, querida...

jueves, 20 de mayo de 2010

Últimas bocanadas de algo que fue...


Resulta que la gente se llena la boca de hablar de buenas intenciones. Resulta que todos en la vida somos buenos, hasta que una mala acción demuestre lo contrario. Y, también, resulta que nuestra conciencia, fe o nuestros principios o ideas son muy válidos. Hasta ahí, todo bien. La cosa cambia cuando empezamos a pensar que nosotros, personalmente, tenemos la razón en todo. Eso empieza a convertirse en otra cosa, soberbia. También cambia cuando no aceptamos ningún aporte o idea que venga de los demás. Eso se convierte en egoísmo. Y sigue cambiando (y empeorando) cuando más que no aceptar, imponemos nuestra razón como la válida y no cesamos de criticar todo lo que hacen los demás, porque, por supuesto, eso que hacen está mal, puesto que nosotros somos poseedores de la verdadera moral. Pero, ¿quién marca el límite de la moral? ¿quién dice qué es moralmente aceptable y moralmente malo?
El problema radica cuando aplicas tus principios morales a todos los aspectos de tu vida, y de la vida de la gente que tienes a tu alrededor. A partir de ahí, tu soberbia, egoísmo y moral, hacen daño directo a cualquiera que se acerque. Quizá haya veces que no me plantee demasiadas cosas, ni haga demasiadas reflexiones. Pero, por contra, hay veces que prefiero no reflexionar, porque la reflexión puede llevarme a un hoyo fangoso en el que no quiero entrar.
Y, colorín, colorado, ¡que termine la función!

jueves, 22 de abril de 2010


El vagón se alejaba de la estación dejando tras de sí una densa capa de humo que anunciaba su partida. La estación se quedaba solitaria. Yo, sentada en un banco leía las líneas que en tu despedida escribías para mí. En ellas me contabas los proyectos que tenías, las ilusiones que te hacían vivir plenamente, y la nostalgia que te invadía al alejarte de todo lo que te ataba a este lugar. Yo sabía que todo te iba a ir bien, y estaba feliz por ello. A veces no podía demostrártelo de la manera que quería, pero sabía que en tu corazón tú sentías cada impulso que le mandaba. Aun así, las lágrimas brotaron de mis ojos mientras trataba de manera impotente acabar con ellas. Al fin y al cabo te ibas, y no sabía si volvería a verte.
Miré al cielo, y vi una estrella que brillaba más que ninguna. Sé que tú también lo hacías. Pude ver el reflejo de tu mirada en ella, y sentí que nada podía pasarme, porque, estuvieses donde estuvieses, siempre estarías a mi lado.

viernes, 2 de abril de 2010


Como siempre, los cuentos de hadas siempre acaban bien. Por eso son de hadas. ¿Es posible que la vida real sea igual de mágica? Posiblemente sí, pero cuando más te acercas a la belleza de lo sobrenatural, su realidad se acerca para recordarte que está ahí y que no debes levantar tus pies del suelo.
En este momento siento mis pies flotar, mi cuerpo levitar, mis pensamientos fluír...¿Llegará el momento de caer?
Como una simple Cenicienta, me dispongo a preparar mi mejor vestido para ir a tu baile...

martes, 23 de marzo de 2010


Recuerdo el primer parpadeo que observé de tus ojos, verdes como las hojas de los árboles, y con tal profundidad que el infinito se queda corto en su andadura a través de ellos. No era un parpadeo normal, pues en él había algo escrito. Algo indescifrable, codificado, sólo legible por una mirada como la tuya. Esa mirada no era fácil de encontrar, no sólo por el color de los ojos, verde como la esperanza, sino por el brillo que de ellos se desprendía. Estaba llena de vida, como si todo lo que fuese presentado ante ella fuera una obra de arte, la más bonita que había observado jamás. Yo, al verla, no pude evitar sentirme llena de alegría por dentro. Estoy segura de que esa mirada no trataba de transmitirme eso, al menos no de manera consciente, pero era algo inevitable, algo que simplemente ocurrió, y simplemente no quise detener. Ese parpadeo tenía aún mucho que desvelarme, al igual que esa mirada...y, todavía hoy, me queda mucho por conocer sobre ella...

jueves, 11 de febrero de 2010


- Sad eyes' girl, tell me your secret,
be my friend, and i'll be your confidant.
Teary eyes' girl, tell me your agony,
be my utopia, and i'll be your reality.
Red eyes' girl, tell me your fear,
be my mistery, and i'll be your freedom.

- It's not sadness what i feel,
it's not fear, and it's not agony.
My eyes shed hapiness' tears,
which i found when i saw his eyes for the first time.
I'd seen them before, many times,
but i'd never looked them that way.
However, there was a day when they talked to me,
and since then, everything was different, and it was true.