martes, 8 de junio de 2010


Si dijese que no lo amaba, mentiría. Mentiría cual Pinocho en su cuento. Cada noche me acostaba soñando con su olor, y me despertaba anhelando su presencia. Cuando pasaba las horas a su lado, éstas parecían minutos y deshacía ese tiempo perdiéndome por su piel. Buscaba con mis labios el sabor de su cuerpo, y el alma se esfumaba de mi ser para irse al paraíso. "Esto no puede ser real", me repetía una y otra vez. Siempre que buscaba un apoyo, él estaba ahí con sus gestos, sonrisas y palabras que eran mi aliento. Si simplemente buscaba compañía, él no me defraudaba, siempre acudía a mí y con el simple roce de sus labios me hacía estremecer. Me sentía llena de vida, como si nada malo pudiera pasarme, y por fin, querida...

1 comentario:

Anónimo dijo...

El amor no se puede coger, no se puede oler, no se puede decidir si se quita o se da. El amor no avisa, el amor no se atiende a razones, el amor no da explicaciones.
El amor es fuerte, el amor es sincero, el amor se hace dueño de tus gestos, de tus manos, de tus besos.
No hay mayor tesoro que el ser amado por alguien, el ser amado de verdad. Guarda ese tesoro, pero no lo olvides; ponlo en tu corazón y te acompañará toda la vida.